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martes, 26 de febrero de 2008

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LAS PALABRAS PELEADORAS

En un país donde el mundo hablaba tanto que nadie podía oír a nadie, vivían unas palabras que se llevaban muy mal entre ellas. Estaban todas en la misma página del diccionario, conviviendo, tocándose unas a otras y enojadísimas unas con otras. Qué vida. No se hablaban, y cuando se hablaban era peor.
No sé si ustedes saben que las palabras son muy nerviosas. Lo que pasa es que trabajan demasiado, no descansan nunca, corren de un lado a otro, pasan de boca en boca, hablan sin parar. Les duele la cabeza, la espalda, los pies. Además, algunas personas las maltratan y otras las usan para hacer daño. Entonces se ponen de mal humor y se pelean entre ellas.
Si uno aprieta la oreja contra un diccionario oirá muchas discusiones. También se puede oír, no digo que no, charlas cariñosas y, de tanto en tanto, risas, porque las palabras son gente buena, en el fondo.
En nuestra página las cosas iban de mal en peor. Allí estaban Extrañar y Extranjero, por ejemplo, que, aunque hubieran debido llevarse bien, se peleaban todo el día. Extrañar decía que ella era una palabra importante en la vida, porque quería decir echar de menos, sentir nostalgia. El ejemplo que habían puesto para explicar su significado era ~ muge la vaca porque extraña a su cría ~, y eso provocaba tales risotadas1 en Extranjero, que hacía temblar el diccionario. Pero Extranjero, a su vez, es el que viene de otro país, según el diccionario, y Extrañar le decía que volviera a su país, y gritaban tanto los dos que Exterminar, que estaba al lado, quería exterminarlos, y Exterior vociferaba que allí adentro no se podía vivir. Extravagante, a su vez, ponía juegos extravagantes. Proponía, por ejemplo, que cada palabra, por un día significara lo contrario de lo que significara. Pero esto producía unas peleas mucho peores, porque nadie estaba de acuerdo en qué era lo contrario. Chillaban y pataleaban tanto, que un día Fabada2, desde la página de abajo, empezó a dar golpes en el techo para que se callaran y entonces toda la página se unió contra Fabada, y el escándalo fue mucho peor.
Otro día Exigente3, que sufría de insomnio, se levantó de la cama, dos páginas más arriba, y bajó hasta sus vecinas peleadoras.
-¿Se puede saber qué diablos les pasa? – gritó con voz terrible.
-Estamos manifestando nuestros sentimientos – dijo Extravertido4.
-Nos estamos matando – dijo Extremismo.
-Queremos que Extranjero se vaya de aquí – dijo Extremoso5.
-Basta – dijo Exigente. – Déjenme dormir.
Pero nadie duerme en el diccionario, salvo las palabras viejecitas. Estas son palabras que un día fueron lozanas6, pero que ahora nadie usa. Ya casi no hablan. Algunas siguen siendo hermosísimas, y a veces alguien, una chica perdida en el diccionario, un poeta inocente, un campesino anciano, las usa de nuevo y les da un rato de vida y esplendor. Pero después las olvidan otra vez, y ellas quedan así, olvidadas, ni vivas ni muertas, olvidadas.
Un día el alboroto7 de las palabras fue tan grande, que llegó hasta la letra A, donde estaba Amor. Amor era sensible y generosa. A veces se enojaba, sin embargo,

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1 risotada: risa fuerte y grosera. 2 fabada: comida hecha con habas, tocino, chorizo, etc. 3 exigente: que pide mucho. 4 extravertido (o extrovertido): comunicativo, abierto. 5 extremoso: de actitudes extremas, exageradas.
6 lozanas: jóvenes. 7 alboroto: ruido.
porque estaba harta de que la gente la usara para mentir, diciendo cosas como “Hago esto por Amor”, “Hago aquello por Amor”, cuando en realidad Amor no tenía nada que ver. Pero Amor era muy bondadosa y paciente. Llamó a su vecina Armonía y le pidió que la acompañara a visitar a las palabras peleadoras, a ver si podían calmarlas. Allá se fueron las dos, tomadas del brazo.
Atravesaron muchas páginas, se detuvieron cada vez que oyeron discusiones, se rieron de las gracias de las palabras graciosas y lloraron con las palabras tristes. Olieron los ricos perfumes de todas las palabras olorosas y se quedaron extasiadas de la belleza de las palabras bellas. Por fin, después de varios días de peregrinar, llegaron a la página de nuestras palabras peleadoras.
-Hola –dijo Amor con su voz sedosa y un poco trémula.
-Vete –vociferó Extradición8, que tenía un palo en la mano.
-¿Cómo has llegado hasta aquí? –dijo Extrañeza9, extrañándose10.
-He venido con mi vecina Armonía para reconciliar11 a todos –dijo Amor.
Se hizo un silencio. Amor era muy hermosa y tenía un aura12 de color azul. Era irresistible. Armonía tomó las palabras peleadoras de la mano y las obligó a besarse. Todos sonreían confundidos, pero obedecían. Se besaron y se miraron con arrepentimiento Entonces alguien vino a llamar a Amor, que tomó a armonía de la mano, se despidió y se encaminó de vuelta a su lugar.
En cuanto ella se fue se rompió el encantamiento13 y las palabras peleadoras volvieron a pelearse. Los gritos llegaron hasta Amor cuando estaba atravesando la letra D. Amor suspiró nerviosa y afligida. A Armonía se le cayó una lágrima. Dolor, que estaba llorando, le pasó un pañuelo.
Tiempo después, una señora que era muy sabia publicó una versión actualizada del diccionario, y en esta edición había muchas palabras nuevas. Estas palabras nuevas no estaban tan cansadas como las otras, eran jovencitas y vigorosas, y se reían todo el tiempo. Corrieron otros aires por el diccionario. Las palabras mayores estaban escandalizadas.
-Qué mal hablan las jóvenes –pensaban. Y se quedaban calladas, mirándolas con desaprobación.
Tan molestas estaban, que dejaron de pelearse hasta las más peleadoras. Hubo días de silencio y paz, en lo que todos los nombres, los nombres de las flores, de los peces, de los metales, del espacio, del tiempo, del orden, de la presencia y la ausencia, de los viajes, de los sonidos de la alegría, los nombres de todas las ideas, las fantasías y las realidades, y todos los adjetivos calificativos, los verbos irregulares. Las preposiciones, los adverbios, los determinativos, los exclamativos, todas las palabras, todas convivieron alegremente en el inmenso diccionario. Y no se oyó ni una voz disonante14.
Fue muy bello, pero duró poco. Un día, dos palabras tropezaron y una le dijo a la otra:
-¡Palabrota!15
Y se armó de nuevo una pelea, esta vez en la letra P. Es que las palabras, créanme, son incorregibles.



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8 extradición: acción de devolver a una persona a su país. 9 extrañeza: efecto que causa algo raro.
10 extrañarse: admirarse. 11 reconciliar a todos: hacer que todos vuelvan a ser amigos. 12 aura: halo luminoso.
13 encantamiento: acción o efecto de encantar. 14 disonante: que suena mal. 15 palabrota: palabra grosera.

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